PARA LOS ABUELOS...


6to. año
Como es tradición en nuestra escuela, en el mes de junio, los alumnos de sexto recolectan ropa y alimentos no perecederos para los abuelos de la FAMILIA DEL PIÑEIRO.

HOSPITAL - CENTRO GERIATRICO "DR. LUIS PIÑEIRO DEL CAMPO"
El Piñeyro abrió sus puertas en 1922 y fue bautizado con ese nombre para homenajear a Luis Piñeyro del Campo, un abogado que dedicó su vida a ayudar a los más desprotegidos por medio de la Comisión Nacional de Caridad, creada en 1889.

Actualmente el hospital atiende a 400 ancianos, la mayoría de ellos en calidad de residentes, mientras que algunos entran y salen todos los días. Sólo pueden ingresar los mayores de 65 años de edad con alguna clase de dependencia moderada o severa de origen físico o mental.

El hospital, que ocupa cuatro hectáreas, cuenta con cuatro pabellones y con un total de 300 camas. Por lo general, está a tope.

Esperamos tu colaboración.

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Queremos compartir un fragmento del discurso que pronunció José Saramago, al recibir en 1998 el Premio Nobel de Literatura, en relación a sus abuelos.

De cómo los personajes se convirtieron en maestros y el autor en su aprendiz

El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir. A las cuatro de la madrugada, cuando la promesa de un nuevo día aún venía por tierras de Francia, se levantaba del catre y salía al campo, llevando hasta el pasto la media docena de cerdas de cuya fertilidad se alimentaban él y la mujer. Vivían de esta escasez mis abuelos maternos, de la pequeña cría de cerdos que después del desmame eran vendidos a los vecinos de nuestra aldea de Azinhaga, en la provincia del Ribatejo. Se llamaban Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro. En el invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, recogían de las pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a la cama. Debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los animalillos de una muerte cierta.

…Y algunas veces, en noches calientes de verano, después de la cena, mi abuelo me decía: "José, hoy vamos a dormir los dos debajo de la higuera". Había otras dos higueras, pero aquélla, ciertamente por ser la mayor, por ser la más antigua, por ser la de siempre, era, para todas las personas de la casa, la higuera. ..En medio de la paz nocturna, entre las ramas altas del árbol, una estrella se me aparecía, y después, lentamente, se escondía detrás de una hoja, y, mirando en otra dirección, tal como un río corriendo en silencio por el cielo cóncavo, surgía la claridad traslúcida de la Vía Láctea... Mientras el sueño llegaba, la noche se poblaba con las historias y los sucesos que mi abuelo iba contando: leyendas, apariciones, asombros, episodios singulares, muertes antiguas, escaramuzas de palo y piedra, palabras de antepasados, un incansable rumor de memorias que me mantenía despierto, al mismo que suavemente me acunaba. Nunca supe si él se callaba cuando descubría que me había dormido, o si seguía hablando para no dejar a medias la respuesta a la pregunta que invariablemente le hacía en las pausas más demoradas que él, calculadamente, introducía en el relato: "¿Y después?" …

Considero que sin ellos no sería la persona que hoy soy, sin ellos tal vez mi vida no hubiese logrado ser más que un esbozo impreciso, una promesa como tantas otras que de promesa no consiguieron pasar, la existencia de alguien que tal vez pudiese haber sido y no llegó a ser.

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